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Hablando de ética: política, financiera, empresarial…

A lo largo de todo el año 2014, en la web del Círculo para el Conocimiento – Sociedad Económica Barcelonesa de Amigos del País se han publicado una serie de más de dos docenas de artículos alrededor de los comportamientos éticos en varias actividades sociales o profesionales, desde la empresa hasta la salud, desde las finanzas hasta los medios de comunicación, desde la ciencia hasta la política. Esta semana se ha presentado y se ha puesto a disposición de los interesados, editado en forma de libro digital, el conjunto de todas estas contribuciones con el título La sociedad que tiene que venir. Propuestas éticas desde la sociedad civil. Me gustaría hacer un comentario general, y unas aportaciones personales.

Ética aplicada. Cómo ha destacado muy bien Victoria Camps, a quién pedimos un prólogo para el libro, una particularidad interesante de los artículos es que están escritos desde la práctica. Casi ninguno de los autores es un especialista en temas éticos, y menos en formulaciones teóricas sobre ética, pero casi todos han vivido situaciones en las cuales se han encontrado en conflictos éticos o han tenido que tomar decisiones difíciles que los han obligado a pensar. Estas aportaciones poder ser útiles, porque es evidente que existe una grande y desgraciada fractura entre el que se predica, y socialmente se acepta, y el que se observa muchas veces en los comportamientos reales. Estoy seguro que ninguno de los autores pretende dar lecciones a nadie, sino simplemente aportar su experiencia y sus reflexiones. He aquí algunas de mías.

El lugar de la ética. Nuestra situación actual de crisis ha traído a centrar el foco de la ética en la actuación política, y todavía más en la corrupción, es decir, en el aprovechamiento del poder político para el enriquecimiento personal. Es bueno que sea así, porque nuestra sociedad necesita un impulso de regeneración. Pero sería un gran error pensar que los comportamientos poco éticos son sólo un problema de la política. Y sería un error creer que la carencia de ética en la política es sólo la corrupción. Los dos ejemplos que pongo indican que hay problemas más de fondos y más generales.

Ética empresarial. Algunos han teorizado que el objetivo de las empresas mercantiles es sobre todo tener beneficios. Es una afirmación corriente, pero incompleta y muy peligrosa. El objetivo de la actividad económica es generar productos y ofrecer servicios que permitan cubrir las necesidades de las personas. Para lo cual se necesita trabajo y capital. En nuestro modelo social (seguramente el menos doliendo de los conocidos), la actividad de la empresa genera un excedente de valor que se reparte entre sueldos por los trabajadores y beneficios para el capital. Por lo tanto, la responsabilidad ética de una empresa no significa sólo la ausencia de fraude, sino que supone sobre todo que el producto tenga la calidad que el cliente espera, que los trabajadores tengan un sueldo que los permita vivir dignamente, y que el capital tenga la retribución que permita la continuidad de la inversión. Pero esto último no puede pasar delante de todo. No creo que sea ética una empresa que no genere valor real (pura especulación), ni una empresa que ponga los beneficios por encima de la calidad de los productos o las retribuciones salariales. Hay empresas privadas que hacen una actividad social importante con sus beneficios. Son de aplaudir estas muestras de responsabilidad social, pero hace falta no olvidar que la ética no rae sólo en cómo se gastan el dinero, sino todavía más en cómo se ganan…

Ética en política La corrupción económica es una práctica delictiva que hay que barrer de la política. Esto no es trabajo sólo de los jueces, sino también de los partidos políticos. Pero hay otro aspecto, menos llamativo pero tan o más importante. Nuestro sistema democrático está basado en la representación: los ciudadanos delegan en unas personas, a las cuales hacen confianza, para que utilicen el poder que los dan para tener cura de sus intereses. Pero a veces hay políticos que desvían su actuación hacia objetivos diferentes de los que anunciaron, y olvidan sus prometidas. A veces hay políticos que prometen cosas que saben que no podrán hacer. Y a veces hay políticos que mienten a la hora de rendir cuentas. La gente se escandaliza del que roba, pero no del que miente, sea al prometer o sea al explicar la realidad. Y, en cambio, tanto como la corrupción, la mentira destruye la confianza, que es la base del sistema.

Fuente: ara.cat

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